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«Los Arizabalo de Pasaia eran una rama de segundones que, con el tiempo, logró ser una familia muy influyente»

Publicado el 16 de enero de 2009

«Los Arizabalo de Pasaia eran una rama de segundones que, con el tiempo, logró ser una familia muy influyente»

El altzatarra Juan Carlos Mora es el autor de “La familia Arizabalo: tiempos de cambio en Pasaia”, libro de la colección Sorginarri que describe la sociedad pasaitarra entre los siglos XVI y XIX a través de las vivencias de la que fue una de sus familias más influyentes.

-En el siglo XVI llegaron a Pasaia varios miembros de la familia Arizabalo, afincada en Oiartzun, que buscaban el progreso de su linaje a través de las posibilidades que ofrecía la bahía. En los siglos posteriores, los Arizabalo consiguieron ser una de las familias más influyentes de Pasaia. ¿Cómo lo lograron? ¿Gozaban ya en Oiartzun de cierto poder?

La que llegó a Pasaia era una familia de segundones de la rama principal, que estaba en Oiartzun. Esa rama principal, que fundó la casa solar y dio nombre a toda la familia, era una familia de tipo medio, propietaria de un solar con sus tierras. Pero esa casa no podía alimentar a todos los que vivían allí. Por eso, los segundones se veían abocados a salir fuera. La rama de los Arizabalo a la que nos referimos llegó a Donibane hacia mediados del siglo XVI, porque ya existían otros Arizabalo asentados allí; siempre es más fácil empezar una nueva vida si tienes parientes o conocidos en el lugar, en este caso en Donibane. Y apoyados en el hecho de que esta familia ya había tenido una relación con capitanes de mar y comerciantes, empezaron a participar en los negocios de los que eran sus parientes de Donibane.

Además, estos Arizabalo tuvieron fortuna, porque en los hechos de armas en los que participaron fueron notables y con gran repercusión en la época, y eso también los situó en una posición especial ante el resto de vecinos. Esa fama que consiguieron por los hechos militares y esa actividad económica que empezó también a resultar productiva, a través de la marinería y el comercio, convirtieron a esta familia en una de las principales de la localidad. Pero esto no se hizo en unos años ni en décadas; fue a través de varias generaciones. Primero era necesario, por ejemplo, emparentar a través de un buen matrimonio con una de las familias principales de la localidad. Y no se podía llegar a Donibane y emparentar con una de las principales familias, sino que el padre tenía que haber ido progresando, consolidándose en la localidad, para luego concertar al hijo un matrimonio aventajado e ir insertándose en un nuevo círculo social.

-El honor, el prestigio y la riqueza eran los valores que movían a la familia Arizabalo. ¿Puede decirse que la familia era, en sí misma, una empresa?

Sí. La economía en aquella época no se diferenciaba de lo que era la gestión familiar. La palabra economía significa en realidad “gestión de la casa”. Estas eran empresas familiares y la forma en la que se realizaban los negocios era igual a como se gestionaban las familias. También para los negocios eran muy importantes los matrimonios, las relaciones de parentesco… Imagina que desde Donibane querías mandar algo a América y tenías que pasar por Cádiz. Si en Cádiz no tenías una red de amigos o familiares, ¿cómo ibas a ponerte en contacto con desconocidos que no se sabía cómo iban a responder? Esos negocios se hacían a través de la familia o de paisanos. Cada uno tenía un papel asignado (en la familia, por el padre de familia; y en los negocios era también generalmente éste quien colocaba a hijos, sobrinos…).

-Los Arizabalo fundaron su mayorazgo en 1733.

Era otra parte de la estrategia. El mayorazgo se fundaba cuando ya se tenían bienes que administrar. El mayorazgo suponía que todo lo que se incorporaba a él (casas, caseríos, tierras…) quedaba fuera del mercado comercial. Nunca podrían quitar a la familia esos bienes por deudas o por una mala gestión. Se trataba de salvaguardar todo lo que las generaciones anteriores habían ido consiguiendo. Y después se decidía qué miembro de la familia heredaba ese mayorazgo. No iba automáticamente al hijo mayor. Y la decisión no era, normalmente, del padre; se reunían familiares, amigos, y consensuaban quién era la persona idónea.

-Matrimonios de conveniencia o relaciones con parientes de América eran, por tanto, estrategias válidas para progresar. Pero llama también la atención la fórmula de los pleitos para lograr los objetivos perseguidos. Su libro está lleno de demandas. Los Arizabalo no dudaban en denunciar a quien fuera, incluso a sus propios parientes.

Ahí se ve muy bien cómo era la familia Arizabalo ya en la segunda mitad del XVIII. El concepto de familia fue cambiando. Ya no se sentían tan unidos a lo que era el linaje y cada uno intentaba ir más por su cuenta. No dudaban en denunciar al padre, al hermano o a la madrastra, por ejemplo, a la hora de reclamar bienes. La solidaridad que había existido unas generaciones antes se fue perdiendo. Se ve muy claro que lo que predominaba en el XIX era el individuo y no tanto el concepto de familia extensa en la que se ayudaban los unos a los otros. Aquellas remesas que mandaban a la familia los segundones que se habían ido a América no se entenderían sin ese concepto de solidaridad. Antes, el segundón que se iba a América quería engrandecer el nombre de su casa y buscaba el enriquecimiento de su familia. En la segunda mitad del XVIII eso ya no funcionaba así y empezaron a denunciarse entre ellos. Llegan vientos de cambio a Pasaia, porque se va transformando la organización social.

-Y el resto de pasaitarras, ¿cómo vivía en aquella época? ¿Debían conformarse con sobrevivir, económicamente hablando?

Normalmente las familias principales eran las que tomaban parte en el Gobierno de la comunidad, en el Concejo. Estamos hablando de un 5-7% de familias que gobernaban. El resto tenía que malvivir. Y no con un único trabajo; en esta época funcionaba mucho el trabajo estacional. Durante una época estaban en la marinería o el comercio, luego volvían y, si podían, se empleaban en los astilleros o haciendo sidra o en lo que fuera. Era la manera de buscarse la vida.

-El apellido Arizabalo estuvo muy ligado al Gobierno de Donibane. Para participar en el Concejo había que poseer un patrimonio y cumplir una serie de requisitos.

Sí, existía el requisito de los llamados millares. Se suponía que los cargos del Ayuntamiento tenían que responder ante el resto de la comunidad con sus bienes. Una familia que apenas tuviera propiedades, en el caso de hacer una mala gestión del dinero del Concejo no tendría con qué responder. Además de eso, también tenían que saber leer y escribir, aunque ese requisito no se llevaba a la práctica. Y había que conocer el castellano, ser hidalgo y varón...

-En época de los Arizabalo, el Concejo aparece como una institución bastante cerrada. La participación ciudadana fue desapareciendo y las asambleas ya no estaban abiertas a cualquiera.

Sí. A lo largo del XV y el XVI se fue restringiendo la participación. Al principio, cuando se fundaron San Juan y San Pedro, las decisiones se tomaban entre la mayoría de la población. Pero luego eso se fue limitando. Eran asambleas multitudinarias, que no se podían gobernar, y se fueron poniendo una serie de restricciones, de forma que las principales familias terminaron controlando el Concejo. Así tenían oportunidad de colocar como guardamontes o en otras funciones a sus parientes. Esas familias estaban interesadas en ese control.

-Hallándose bajo jurisdicción de Hondarribia, ¿qué funciones tenía el Concejo de Donibane? 

Funcionaba como un lugar independiente, salvo en justicia. En esa materia tenían que acudir al alcalde de Hondarribia, que era el juez en primera instancia. Pero en todo lo demás (el abastecimiento, el control de las medidas, el cuidado de los caminos, de los montes…), Hondarribia no se inmiscuía para nada y, en el caso de San Pedro, Donostia tampoco. El control recaía en los regidores o en los alcaldes pedáneos y demás cargos. Sólo que, en caso de juicio, tenían que recurrir en primera instancia al alcalde de Hondarribia o al de Donostia.

-¿No había, entonces, diferencia alguna entre los concejos de Donibane y San Pedro?

Sí. A diferencia de Donibane, San Pedro no tenía alcalde pedáneo,   sino regidor, y la forma de elección también era un poco diferente. Por otra parte, creo que San Pedro tenía mayor sujeción a Donostia que Donibane a Hondarribia. Y eso se explica porque San Pedro tenía la torre y los torreros eran una especie de delegados de la villa de Donostia en el lugar. Desde allí ejercían un mayor control sobre la población. Entretanto, en Donibane no había ningún representante directo de Hondarribia. En ese aspecto, tenían más libertad.

-Juan Bautista Arizabalo y Diego de Otazu, ambos con cargos en el Concejo, desempeñaron un papel relevante en el proceso de independencia de Donibane (1765-1770). Consiguieron del propio Ayuntamiento de Hondarribia los 9.000 pesos que Donibane necesitaba para librarse de la jurisdicción de Hondarribia.

Donibane tenía que iniciar un expediente en la Corte de Madrid y luego en las Juntas Generales. Para eso necesitaba un dinero que no tenía. En esa época, en Hondarribia se libró una partida, un censo (un préstamo con interés) al que podía acogerse. Pero no podían hacerlo como Concejo de San Juan, porque iba a ser evidente que la finalidad era la independencia. Por eso, lo pidieron a título individual Otazu y Arizabalo, de forma que no hubiera sospechas de que tuviera que ver con el Concejo.

-Consiguieron engañar a Hondarribia.

Totalmente. Y cuando en Hondarribia se dieron cuenta de que les habían dado un dinero precisamente para independizarse, montaron en cólera. Hay unas cartas en las que se expresan diciendo que, de haberlo sabido, hubieran tirado el dinero antes que dárselo…

-Indudablemente, ese proceso estuvo muy unido al interés personal de las familias que formaban parte del Concejo. ¿Por qué estaban tan interesadas en lograr la independencia?

Por un lado, porque era una forma de controlar todos los recursos que se generaban desde el Ayuntamiento, sin tener que depender ni siquiera judicialmente del alcalde de Hondarribia. Si estas familias (Arizabalo, Otazu, Urigoitia...) eran alcaldes en primera instancia, podían dictar sentencia sin tener que recurrir al alcalde de Hondarribia, que siempre podía ser más imparcial porque no tenía nada en juego. Era una forma de controlar todo lo que se iba generando en el Ayuntamiento desde el punto de vista judicial, con las repercusiones sociales y económicas que ello tenía. Y todos los cargos y el dinero que repartiría el Ayuntamiento los iban a poder controlar poniendo como tesoreros a miembros de su linaje o bando. El interés era muy claro.

-Después, Arizabalo pleiteó durante años con Donibane para conseguir recuperar el dinero invertido en ese censo para la independencia.

Si el pleito se inició en 1770, fue hacia 1778 cuando consiguió la resolución de que lo que estaba pidiendo se lo tenían que pagar. Pero todavía en 1840 no había conseguido cobrar y fueron sus descendientes quienes siguieron en pleito con la villa de Pasaia para terminar de cobrar lo que le adeudaban a Juan Bautista Arizabalo. Muchas veces los pleitos podían durar generaciones. Y una vez que los Arizabalo fueron perdiendo el control del Ayuntamiento, era más difícil poder cobrar lo adelantado. Terminaron recuperándolo 70 años después.

-Creo que, como historiador, considera interesante la investigación a través de las familias.

Es un modelo muy bonito para ver cómo funciona una sociedad. Todos los cambios que hay en las familias son los cambios que hay en la sociedad. Si la familia se desintegra, de alguna manera la sociedad no funciona de la misma manera. Hoy día se ve muy bien. Hay más familias monoparentales y la sociedad es mucho más individualista. En los Arizabalo vemos, por ejemplo, la importancia de la utilización de los nombres. Hubo distintos Juan Bautista Arizabalo. Eso ya no se da, salvo en las familias tradicionales. Creo que el funcionamiento de cada familia refleja muy bien el concepto de sociedad que tiene. Es una institución privilegiada para estudiar la sociedad.

-Es curioso saber que familias que gozaron de tanta influencia en Pasaia (Arizabalo, Villaviciosa, Martiarena...) desaparecieron después completamente, de manera que no se ha mantenido el apellido en la localidad.

Fue por razones biológicas y también porque Pasaia ha sido una villa con una gran actividad mercantil o comercial. En Altza, por ejemplo, vemos que las que en 1400 eran las principales familias (los Arzak, los Casares) han mantenido el apellido hasta nuestros días. En ciudades más grandes como Donostia, los que eran los Olazabal, los Elduaien… han desaparecido. Y en pueblos más pequeños, los apellidos que aparecían en el siglo XV-XVI seguramente aún se mantienen. Cuanto más importante, más grande o más dinámica sea la ciudad, más fácil es que desaparezcan esas familias. Mantenerse 400 ó 500 años en la élite de la organización social es muy complicado. Los Arzak en Altza se han mantenido desde el siglo XV como una de las principales familias. Pero no han tenido una relación directa con el puerto como la han tenido los Villaviciosa, los Naveja o Arizabalo, sino que han estado más ligados al mundo de la agricultura o el ganado.

-El protagonismo de los Arizabalo se apagó en el XVIII. ¿No supieron adaptarse a los nuevos tiempos, que implicaban distintos modelos sociales y económicos?

En parte fue un problema biológico. Juan Bautista Arizabalo tuvo dos hijas y no hijos varones. El mayorazgo lo heredó la hija que se fue a Cádiz. La otra hija se casó en Los Arcos de Navarra y los que quedaron aquí fueron desapareciendo paulatinamente. El último, Santiago de Arizabalo, que había sido en la primera mitad del XIX una persona importante en el pueblo, emigró a Buenos Aires. Así terminó por desaparecer la última línea de los Arizabalo.

Por otra parte, hay muchas familias que son incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos. En ese momento hacían falta familias más dinámicas, sin tanto peso de la institución, que dieran más iniciativa a cada uno de los individuos. Y luego está la ideología. Una familia que fuera conservadora, como en este caso, cuando llegan los aires liberales, seguramente se verá marginada de la actividad económica, del comercio, de la industria.

-Las familias que sustituyeron a los Arizabalo fueron menos dadas a la ostentación. Hubo un cambio de valores.

La riqueza, a partir de ese momento, estuvo más ligada a la posesión de bienes. Al dinero líquido, a las acciones, y no tanto a la inversión en términos de ostentación, como sucedía en las familias del XVII-XVIII. En el siglo XIX lo que contaba era tener dinero líquido para hacer inversiones; para invertir en hierro, en una ruta comercial, en barcos... Se necesitaba el dinero rápidamente; no se podía depender de censos, y esperar a que se librara una partida que pudiera ser prestada a la familia. En Pasaia, Urigoitia o Etxeberria fueron algunas de las  familias que suplantaron a los Arizabalo.

>para ver un vídeo de la presentación del libro, pincha aquí<

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