
Publicado el 26 de agosto de 2008
El monte Ulía ha sido y es, para generaciones de ciudadanos, desde niños hasta veteranos, un inmejorable espacio de relación con la naturaleza, y también de diversión. Pero es que además, Ulía posee y mantiene un patrimonio natural, histórico, cultural y arquitectónico de alto valor, por razones de relación humana. Es un escenario frágil, pero bien conservado, que sigue siendo un gran desconocido. Desde PASAIAN, os invitamos a descubrir y recuperar su patrimonio, en esta ocasión en el sector Donostia, para conservarlo, denunciando actuaciones ilógicas y peligrosas.
La excursión fácil, un reencuentro con el pasado, que os proponemos, persigue también conocer de manera cultural recreativa, con un itinerario botánico, la huella del hombre en el monte. Iniciamos la marcha en el Reloj de Ategorrieta y tomamos la estrecha calzada “Mikel Gardoki”, para iniciar ascenso al monte. Pasaremos delante del frontón donde se ubicaban las cocheras del tranvía y la estación. Continuamos por lo que era la trinchera de la vía del ferrocarril, actualmente asfaltada, (Pº de Arbola) que, sin gran desnivel, llega hasta el caserío merendero Arbola-Iradi, de grato recuerdo para los “veteranos”, actualmente cerrado y tapiado, aunque se puede disfrutar de su valor arquitectónico.
A partir de aquí, el camino ancho, es pista natural. El tren, antes de alcanzar la estación superior, se detenía en el cruce de la fuente lavadero de la Kutraia, donde descendían algunos ciudadanos a proveerse de las aguas con propiedades y también, se cuenta, las lavanderas del Hotel de Londres, que con sus capazos llenos de ropa iban a lavarlas. El ferrocarril, en su lento ascenso, antes de la fuente, giraba a la dcha (el camino se mantiene) para evitar el desnivel y llegaba hasta el final de su trayecto. Aquí se conservan las escaleras por donde los turistas, con sus vestimentas de la”belle epoque”, se dirigían a tomar el teleférico que les transportaría a la cima del monte. Seguimos esta vía, para recordar aquellos tiempos. Si el paso está cerrado por causas de las obras del nuevo albergue y de los bungalows que va a edificar el Ayuntamiento (¡qué horror!), deberemos retroceder hasta la plazoleta, y por la carretera superior ir al encuentro de las citadas gradas.
Desde allí pasearemos por este escenario ajardinado para volver a la plaza y subir por la estrecha carretera de la dcha, en busca de otro caserío mítico, El Bernina-Lorelar”, residencia de Maritxu Guler, la bruja buena de Ulía, lamentablemente también bien clausurado. Retrocedemos unos metros para penetrar, a la dcha. por la puerta al parque superior cimero, donde está el antiguo tiro de pichón, antaño, y al plato después (Basollúa), con extensa terraza mirador sobre el mar. Siguiendo el cordal cimero, recordaremos la parada del transbordador aéreo, cercano a tres testigos tradicionales en mal estado que merecen ser recuperados: las tres atalayas,”de la reina, el águila del Rey y del Ballenero”, que preceden al ruinoso Molino, que nunca lo fue.
Nos queda el precioso final. Entre las dos citadas peñas, nace una estrecha senda, semi-salvaje, que en descenso llega hasta la fuente de la Kutraia, que ya no mana agua. Y siguiendo el camino en balcón y bajo bóveda natural, cuidado por Josetxo Mayor, dominaremos los primeros acantilados. Llegaremos al apeadero de la Kutraia y retornaremos por la vía verde del tren, para descender a Gros por la pendiente de Zemorilla, acabando esta excursión en el palacio, señorial mansión, del Almirante Oquendo.
Escrito por Jesús Mª Alquézar